El pragmatismo mata la creatividad

Moscú, 1985, última partida del Mundial de ajedrez. A Kasparov le bastaba con hacer tablas frente a Karpov para proclamarse campeón del mundo, y en vez de apelar al pragmatismo, arriesgó, salió a machacar a su adversario en el tablero y terminó ganando la partida, proclamándose con 22 años el campeón del mundo de ajedrez más joven de la historia. Dos años después se repetía la historia en Sevilla: última partida (de las 24 disputadas) y mismos adversarios. De nuevo, Kasparov (para eso le llamaban el Ogro de Bakú), con una fuerza competitiva extraordinaria, gana esta última partida a Karpov, renovando el título mundial. Éste ya nunca se repuso de esos golpes deportivos y psicológicos

Todos los contrincantes que se enfrentaban a Kasparov coinciden en manifestar el temor que inspiraba el mero hecho de sentarse frente a él con un tablero de ajedrez delante. Lo que vimos ayer en la partida es antagónico a lo que debe hacer un campeón que pretende infundir este respeto. Carlsen abrió con blancas, se llegó a una apertura española variante berlinesa, la más conservadora, sin que ninguno de los dos jugadores arriesgase lo más mínimo. Algo comprensible en Karjakin, que jugaba con negras y que el hecho de llegar a este resultado al final del torneo es todo un triunfo para él y para su equipo. Pero de Carlsen se esperaba mucho más. Se firmaron tablas sin lucha en apenas media hora (consciente el actual campeón del mundo de que es teóricamente superior a su rival en las partidas rápidas), entre algunos silbidos y abucheos de los aficionados. Posteriormente el campeón del mundo, consciente de que hay millones de personas siguiendo con pasión este mundial, pidió disculpas y comprensión en la rueda de prensa.

El campeón del mundo se decidirá mañana miércoles en partidas rápidas, unas especie de “prórroga con gol de oro” y tanda de penaltis en que todo puede suceder: se jugarán cuatro partidas de 25 minutos para cada jugador. En caso de que empatasen, se jugarían 2 partidas de 5 minutos. Y si todavía llegasen empatados a este punto, 4 series más de 2 partidas de 5 minutos por jugador. Si aún no hubiese un ganador, una “muerte súbita”: una partida de 5 minutos para las blancas y 4 minutos para las negras, en la que las blancas estarían obligadas a ganar y a las negras les bastaría con el empate para llevarse el campeonato y el 60% del 1,1 millón de dólares.

Como indiqué en una crónica anterior, mañana miércoles aconsejo tener un desfibrilador preparado junto a la pantalla del ordenador. Y si se padece del corazón, uno debería abstenerse de ver en directo estas partidas y esperar a leer el resultado el jueves.

Pedro M. Vicente (Profesor de ajedrez)

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